Tocar Mare

No se cómo empezar la descripcción de este mural.

Llegué de México y llegué tocada, me dieron para pintar una pared alargada y no tenía ni idea de cómo empezar (y eso que amo el vertical y me es mucho más fácil adaptarme…). Coincidencia o no, no lo se. Este muro está cerca de casa de mis padres, y mi madre pasa por delante mínimo dos veces al día (si no es que tiene que dar más vueltas para aparcar) y bueno, pensé que era una buena ocasión para dedicarle un muro, para que no me eche de menos cuando esté fuera, pintando. Es una moñada, pero fue así, y creo que fue una de las cosas que me hizo más difícil pensar “qué pinto?”.

Se lo conté a mi madre, le dije que en vez de hacerle un dibujo para colgar en la nevera como cuando era pequeña, le iba a pintar un mural que viese todos los días, y creo que sí que le gusta la idea, jeje.

Y bueno, no es solo por ella y para ella sino también fue por mi. Para mi este mural significa lo que sentí hace un tiempito mientras estaba en el DF y se me complicaron algunas cositas. Un día lloré mucho y me quise volver, volver para “tocar mare” y luego estar en México de nuevo.
Tocar mare es llegar a casa, es poder contarle a tu madre lo que sea y que te diga “no pasa nada” o “no te preocupes que todo saldrá bien”, que si, que eso te lo puede decir cualquiera pero si te lo dice una madre pues te lo crees y te sientes bien y de repente se te pasa. Y luego te hace una tortilla de patata y ya ni te acuerdas de por qué estabas triste.

No, en serio, tocar mare te salva. Tocar mare es cuando te hacían el “cura sana si no te curas hoy te curarás mañana” y ya no te dolía el rascón de la rodilla.

Y se lo dedico a mi madre porque es la mía, pero se la dedico un poco a la tuya también, porque seguro que te pasa lo mismo. (y si no, eres un insensible, jaja, es broma).

foto: Carmen M. Rodrigo
foto: Carmen M. Rodrigo
foto: mar esteve